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Federico Braun: “La presión impositiva es insoportable en la Argentina”

El presidente de La Anónima admite que le hubiera gustado que su sobrino ocupe otra posición en el Gobierno y no la Secretaría de Comercio; le responde a la ex presidenta Cristina Kirchner y se muestra optimista de cara a lo que viene

Federico Braun, presidente de La Anónima, es uno de los empresarios de más bajo perfil de la Argentina. En 1978 cuando asumió al frente de la cadena de supermercados familiar contaba con 11 sucursales en la Patagonia y 265 empleados. A lo largo de sus casi 40 años de conducción la convirtió en un gigante de 163 locales en 80 ciudades, 11.800 empleados y la cuarta mayor cadena a nivel nacional con ventas anuales por unos $ 31.000 millones.

Lo hizo a través de crecimiento orgánico y también por adquisiciones. Ingeniero industrial de profesión, se vio obligado a levantar el perfil por dos factores que poco tienen que ver con su trayectoria: la llegada de su sobrino Miguel Braun a la Secretaría de Comercio y los ataques de la ex presidenta Cristina Kirchner quien a través de Twiter lo acusó de “vender huesos de pollo pelados”, calificó a la empresa de “tristemente célebre”

En su entrevista exclusiva,

no escapa a ninguna pregunta: desde las causas de las crisis constantes hasta la ideología de los argentinos.

-¿Qué saldo le deja la última crisis en las redes sociales con la ex presidenta atacándolo por la venta de huesos de pollo?

-Un saldo positivo porque pudimos explicarle a la sociedad en general y a nuestro personal en particular, qué es La Anónima, qué somos y qué no somos. En particular, Marcos Peña no tiene nada que ver con La Anónima. Yo tengo una familia muy numerosa, desgraciadamente para algunos y por suerte para mí, en el sentido de que terminé estando en esta empresa. Marcos Peña es uno de los 147 sobrinos segundos que tengo, nunca pisó La Anónima, jamás vino a estas oficinas (tal vez conoció alguna sucursal en un viaje a la Patagonia) y yo lo conocí hace cuatro años.

-La relación con Miguel Braun, secretario de Comercio, es distinta…

-El caso de Miguel es parecido: es hijo de un hermano mío que falleció, mi hermano entonces no tenía ninguna acción y, en consecuencia, no heredó ninguna acción. Tuvo en un momento una pequeña compra, como cualquiera de los miles de accionistas que tiene La Anónima, y las vendió en 2015 antes de asumir.

-¿Por qué calló tanto tiempo?

-Nunca se me ocurrió que podía verse como algo malo que una familia numerosa como la nuestra tuviera jóvenes que quisieran participar en el sector público. Ahora, no es que es una decisión que yo haya impulsado. Eso ocurrió. En el caso de Miguel, hubiera deseado que fuera a otro sector. Pero Miguel es un hombre grande, hace lo que quiere, estuvo muchos años en la Fundación Pensar con el ministro Cabrera.

-El tema es que para muchos debería ser el contralor del supermercadismo…

-A mí no me gusta mucho andar diciendo cómo nos va, pero a fin de cuentas, la empresa tiene un balance que es público y no nos está yendo bien. No es que Miguel hizo cosas que nos beneficiaran, y además este es un gobierno que cree en la libertad de los mercados. Y el pensamiento de que Miguel controla a su tío y hay un conflicto de interés, no tiene sentido. Si fuera así, nos salió mal, porque perdimos plata.

-¿Cuál es a su entender la causa de la caída de las ventas en supermercados?

-Son simples las razones: por un lado, la recesión que existe. Pero creo que de esto se va a salir. Ya junio dio 4,5% mejor que mayo. Pero eso no tiene que ver con la participación de los supermercados en la torta de los productos de consumo masivo. Es cierto que en la Argentina, donde en la década del 90 el supermercadismo llegó a tener la torta del 48%, después empieza a caer, caer y caer. Y hoy estamos en 34%. Si vos vas a Chile, ellos tienen cerca del 70%, y tienen tres cadenas que manejan cerca del 60%. Acá es mucho menor la torta y somos más actores.

-¿Es una cuestión cultural?

-La Argentina es antiimperialista, anticapitalista. y yo lo fui en mi juventud. No me extraña nada. Hemos vivido en este país un capitalismo no genuino. El capitalismo ve con buenos ojos al empresario, mientras que la Iglesia Católica, durante siglos, consideró que cobrar una tasa de interés era pecado. Entonces, es lógico: hay razones culturales e históricas que llevan a este fracaso. Creo que como país somos un fracaso inigualable.

-¿Por qué?

-Un país con nuestros recursos, comparado con Chile, no resiste el menor análisis. Cuando yo era chico, España era pobre. Portugal era recontra pobre, y de allí venían “para hacerse la América”, ¡para comer carne! Que el chileno tenga un PBI per cápita casi el doble que el argentino es medio difícil de explicar. La única forma es que hubo un dismanagement durante 70 años.

-¿A qué niveles?

-El error estuvo en partir de que el socialismo es mejor que el capitalismo. Confundimos una falsa hipótesis de que lo público es mejor que lo privado, porque va a preservar mis intereses. Eso es una manera de socialismo, y es convocante. Es lindo para un joven, pero el problema es que no funciona: ni en Cuba, ni en China -que hoy es súper capitalista- ni en Venezuela, como lo vemos hoy. La Argentina siempre estuvo en esa cosa pendular, que la hace ineficiente, y al mismo tiempo le da poder a ciertas instituciones y eso genera una enorme corrupción.

-¿Qué opina del kirchnerismo?

-De alguna manera, es populismo, que toma cosas para que te confrontes con los buenos y los malos, los ricos y poderosos, y que plantea cosas irrealizables.

-¿El miedo a la posible vuelta del modelo anterior es lo que frena a inversores?

-Es bastante lógico que el inversor extranjero -y también el nacional- se pregunte si las promesas de Cambiemos finalmente se van a concretar o no. Yo, personalmente, creo que sí, que vamos en una buena senda. Pero no lo puedo asegurar y decirle a un inversor que venga. Creo que tenemos una oportunidad única para tener una mejor gestión de la cosa pública, que va a redundar en una mejora de los negocios para los privados. Por dos grandes temas: uno es la reforma impositiva, que todos los sectores reconocen necesaria, y el otro es terminar con la evasión. La mezcla de ambas es una de las grandes trabas para ser exitosos en lo inmediato. Por eso no tenemos buenas perspectivas. ¿Por qué seguimos invirtiendo? Porque creemos que el futuro va a ser mejor.

-¿Qué siente cuando la ex presidenta habla ahora del cierre de tambos?

-Creo que se equivocan cuando intervienen en mercados como en la leche. Existían los ROE (Registro de Operaciones de Exportación) blancos para la leche, los ROE rojos para la carne y los ROE verdes para los granos. Es la antítesis de lo que tiene que hacer cualquier país. ¡Tenemos que ser un país normal!

-¿Por qué cree que hay una porción del país que apoya a ese modelo pese a los casos de corrupción?

-Es parte de los altibajos que hemos tenido como país en los últimos años. Nunca hemos tenido sensatez duradera. Es como la ley de convertibilidad, que tuvo cosas buenas, pero tendríamos que haber salido antes, y así podemos hablar de millones de cosas. Somos el país que más veces ha defaulteado en la historia de la humanidad. Cuando no tenés confianza, que es lo que mueve la base -es como la sangre o el aceite para que funcione la sociedad- no funciona lo político y lo económico.

-¿Cuánto impactarán las elecciones?

-Son muy importantes simbólicamente, porque desde el punto de vista material, Cambiemos no va a lograr mayoría en las cámaras. Al igual que le pasó a Kirchner en 2005, quiso que lo validen en su mandato, por haber llegado con mucho menos de lo esperado al Gobierno u encima por la salida anticipada de Menem. Esto me parece que tiene esas características.

-¿Son los supermercados los formadores de precios?

-En la Cámara de Supermercados demostramos fácticamente que no es así. Hay un trabajo hecho por Dante Sica (Abeceb), que analiza la cadena de cuatro productos (leche, carne, pan y detergentes), y cuando se mira el precio de la leche que se paga al productor y el que llega al supermercado, ves que en el medio hay logística, producto, envase, procesos, etcétera, etcétera, ¡e impuestos! Los cigarrillos tienen 80% del impuesto, es absurdo. Pero está bien, eso pasa en todo el mundo. Vos sabés que existe la curva de Laffer: aumentás los impuestos, pero llega un momento en que hace una inflexión y empezás a cobrar menos, porque te aumenta la evasión. Al dicho de “el que caza en el mismo zoológico”. yo digo que no: se fueron las liebres, los monos, y quedamos solo los elefantes y los hipopótamos, que no nos podemos mover. Es insoportable la presión impositiva.

-¿Es optimista con lo que viene?

-Absolutamente sí. El mensaje que se le dio al mundo es que queremos participar de ese tipo de economías. Quizás falte ir de la visión a la estrategia y dejar más claro. Por eso creo que ahí vienen la reforma impositiva y las reformas que mejoren la productividad en la Argentina, como la reforma laboral. La reforma que se hizo para Neuquén con Vaca Muerta habla de impuestos, productividad para los empleados, y se hizo con participación de los gremios. No es menor: si para producir un galón de petróleo, mi costo está por arriba del precio de mercado, no va a venir nadie. Cuando digo nadie es nadie. ¿A quién podés obligar a perder plata?

-¿Cómo se resuelve?

-Si logro mejorar productividad y bajar impuestos, te van a venir miles de millones de dólares, porque las reservas de petróleo de Vaca Muerta, todos te dicen que -en gas- es la segunda mejor del mundo, y en petróleo es muy importante. Entonces, si Vaca Muerta no se explota, este país no tiene solución.

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